Sin esperarlo, los espectadores se quedaron
paralizados como los mismos personajes del film. No existía nada más que el
silencio impactante que produjo la llegada de su padre Rabino, quien comenzó la
discusión que colocaba a cada uno en puntos contrarios musicalmente. Una
disputa entre dos cuestiones musicales; por un lado la música popular que se
acercaba al estilo ragtime de los años veinte y por otro lado se encontraba la
música litúrgica de los judíos.
Nos encontramos, sin duda cabe, ante el comienzo
del cine sonoro, aunque con secciones del film, unas habladas y otras inmersas
todavía en el cine mudo. Fue la primera película donde se utilizó el vitaphone
que llevaría la música diegética y la extradiegética. En ocasiones aparecen subtítulos en las secciones habladas, y
en las secciones de cine mudo se presenta también ocasionalmente un texto con
los diálogos de los personajes. Los diálogos en referencia al cine sonoro son
escasos, un ejemplo de ello es el caso de la madre de Jackie (Sara Rabinowitz)
protagonizado por Eugenie Besserer, quién a veces habla con monosílabos. En
cuanto al tratamiento narrativo de
las escenas, es muy lineal.
Entre las diversas escenas que podemos
disfrutar en esta película, la escena de a priori es la más representativa en
todos los aspectos por haber. Esta representa el contexto en el cual nos
encontramos en la historia de la música, cuando están surgiendo las nuevas
músicas populares en una tradición musical perpetua. Pero sin duda, esta escena
constituye el gran cambio que se produce en el cine y que será el principio de
un nuevo camino para el mundo cinematográfico.
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