domingo, 27 de octubre de 2013

"El cantor de jazz", por Virginia León


     […Dentro de todo ser humano hay un espíritu que anhela expresarse, quizá esta canción de Jazz lastimera y afligida, sea después de todo, la expresión incomprendida de su llanto.]
     Con esta frase perteneciente al comienzo de la que sería considerada la primera película sonora, El cantor de Jazz, del año 1927, podemos hacer una crítica cinematográfica adentrándonos en el argumento desde el primer instante.
     Una historia fundamentada en lo que se puede conocer como cine de melodrama, con la participación de unos protagonistas principales que llegarán directamente a los sentimientos del espectador, siendo estos los tres miembros de una familia judía (padres e hijo).  
     El tema central será por decirlo de alguna manera, el problema que le puede surgir a una persona cuando decide ir en contra de sus costumbres o por el contrario, seguir los pasos que le han inculcado siempre sus padres como ejemplo.

Jakie Rabinowitz, quien viene a ser el protagonista principal, es un gran cantor que aprendió el oficio de manos de su padre, quien le enseñó desde pequeño las canciones de la religión judía con el fin de que fuera su sucesor. Pero a pesar de que conoce magníficamente el repertorio y luce una gran voz, él se decanta por cantar Jazz sabiendo que esto va en contra de sus antepasados.
     Al pronunciarse en contra de cantar en las celebraciones judías, es rechazado por su padre obligándole a abandonar su casa dejando atrás su vida y a su madre que nada más que se limita a llorar por su partida. Este será el comienzo de su nueva vida, como cantor de jazz, como siempre había deseado. Su gran voz hace que pronto obtenga un gran reconocimiento artístico que le llevará a ofrecer grandes espectáculos por diversas ciudades. Siendo entre espectáculo y espectáculo donde conozca a la que será su gran amor. 
 Pasan los años, y su padre se ve atrapado por una enfermedad en la que reluce su vejez y mal estado que ya le impide ejercer su profesión como cantor en las ceremonias religiosas. Jakie es informado de esta mala noticia justo en el momento en el que se encontraba preparando un gran espectáculo que le llevaría a la cima de su carrera artística como cantor de Jazz. Aquí será donde se plantee el problema central, se encontrará en el compromiso de elegir entre cantar en la celebración religiosa para ocupar el puesto de su padre que se encuentra en un estado grave, o por el contrario cantar en el que sería el mayor espectáculo de Jazz de su vida.
     Dejaré el final en el aire para que os animéis a ver la película, no es cuestión de estropear ilusiones.
     Pasando a niveles más técnicos, decir que nos encontramos en una película bajo la dirección de Alan Crosland, director de películas como The Flapper (1920), o Miami (1924). Está dirigida a todo tipo de público, aunque quizás por ser mayormente muda, no sería fácil de entender para niños o adultos menos cualificados.
     El guión se muestra bien planificado, a pesar de que toda la película en general muestre los “errores” típicos del cine de la época, ya que como todos sabemos no contaba aún con muchos avances de nivel técnico ni artístico. Los actores ejercen bien su papel aún mostrándose extraños en el ámbito de lo sonoro, acostumbrados a que su voz no fuera oída por el espectador. Los movimientos de cámara son buenos contando con el avance del momento, pero si que hay que destacar algunos que pueden  parecer bruscos en la pantalla.  Y el vestuario no tiene nada que no sea lo necesario para el trascurso de la historia, se puede decir que es el apropiado.
     Con respecto a la música, tema de nuestro mayor interés, nos encontramos con una música cinematográfica que ya va mostrando los avances y la importancia que va adquiriendo esta dentro del cine. Vemos como continuamente aparece música de fondo acompañando al silencio de los actores, pero ya podemos apreciar esos pequeños momentos de disfrute sonoro, que hacen que esta película se declare como la primera película sonora, y esta importancia venga nada más y nada menos que de manos de la música. Una película en la que la música adquiere casi la mayor importancia, para empezar hasta el título es procedente de algo musical. Música de fondo, espectáculos musicales, protagonistas músicos... En definitiva y para orgullo de los músicos, la música como principal culpable de lo que sería el cine sonoro.
     Como conclusión y para finalizar la valoración sobre esta película, decir que ha sido toda una grata experiencia el poder disfrutar de los comienzos de todo este inmenso mundo del cine, que nos muestra cada vez más la gran capacidad de extensión de valores científicos, artísticos y personales que nos puede transmitir. Es cierto que al principio al ver que es una película escasa en sonidos, se creía que sería aburrida viéndola ahora en los tiempos de nuevas tecnologías en los que nos encontramos, pero sinceramente, creo que es una película que se aparta de lo aburrido  e incluso motiva aún más a ser amena el hecho de que sea algo tan antiguo y fuera de lo que acostumbramos a tener a nuestro alcance.
     Seguro que os gustará, no todo lo moderno es lo bueno. Como dice el refrán: “¡Una imagen vale más que mil palabras!”.

No hay comentarios: